AMENAZAS
Es un lugar común en la novela policíaca que al testigo incómodo se le elimina. Pero mejor aún es destruir su reputación, inhabilitarlo incluso como ejemplo. Cualquier actualización del género debería incluir forzosamente alguna trama inmobiliaria, por la cercanía con la que las vivimos e, incluso, para no defraudar ese nuevo tópico del constructor devorador del entorno. Partiendo del hecho de que cualquier empresario inicia una empresa para ganar dinero, digo yo que, también entre los constructores, habrá de todo: gente honesta, pícaros, pájaros de vuelo bajo, buitres y auténticos depredadores. El paisaje de todos, la naturaleza común, el aire y el agua que no es propiedad de nadie, deben sobrevivir a ese impulso, por lo visto irrefrenable, de ocupación privada. El constructor es sólo parte de ese engranaje que necesita finalmente de gente que compre y de más gente que, sin poder permitirse el desembolso, mire con envidiosa admiración las distintas piezas de esa maquinaria que les quita algo que es suyo. Hablo del bien común que, aunque no sea palpable, existe. Una abogada joven me confesaba que ella aconseja a sus clientes contratar albañiles y asumir ellos mismos la construcción porque, así, no hay delito. La sensación de impunidad que se desprende es tal que ya no extraña que se creen asociaciones de ilegales que defienden su derecho a la ilegalidad o que acuden a los tribunales porque se sienten injuriadas si alguien les reprocha su ilegalidad. Porque en esta situación de inversión moral, el que denuncia parece el malo, y el que comete el delito está envalentonado. Hemos leído declaraciones, de un cinismo increíble, de quien roba la luz enganchando un cable a un poste, o de quien roba el agua perforando un pozo ilegal, diciendo que él no le roba a nadie. Amenazando, cómo no, con cortar las carreteras si no se les soluciona un problema que ellos han creado. Se amenaza a los policías locales encargados de inspeccionar las viviendas, a los alcaldes para que legalicen el delito consumado y a los ciudadanos que denuncian la situación. Y lo peor es que políticos con responsabilidades de gobierno cedan a ese chantaje. En las últimas semanas el movimiento ecologista del Puerto de Santa María ha denunciado las construcciones ilegales en esa ciudad. Como respuesta, aparecieron unos carteles amenazando directamente la casa propiedad de uno de sus dirigentes, Juan Clavero. A los lamentables titubeos iniciales de Hernán Díaz para condenar el hecho pero no mucho, mezclando su “comprensión” de las gentes “humildes y pacíficas” de las parcelaciones ilegales con su rocambolesca teoría del automontaje de Clavero para aparecer como víctima, le ha seguido un informe policial que convierte lo que son claramente amenazas en una especie de folleto informativo sobre el uso del gasoil para desecar árboles. No importa que ya le quemaran el coche hace diez años por otras denuncias. Tan benemérita acción de enseñar al que no sabe sólo pretendía, al parecer desde el verdadero aunque anónimo amor a la Naturaleza del autor de los pasquines, denunciar al denunciante de haber arrancado dos árboles secos. Aunque la propia policía local ya determinara que no es cierto. Siguiendo semejantes argumentos exculpatorios no es de extrañar que, a partir de ahora, se peguen por las paredes fotos de los domicilios particulares del alcalde y sus concejales para ilustrar quejas o peticiones ciudadanas, en un modelo importado del País Vasco, por cierto. Aquí, como en las novelas, se siembra de dudas la reputación de alguien, sin pruebas, sin derecho de defensa, a sabiendas de que encontrará quien se lo crea. Porque este juego sucio va contra todo el ecologismo, al que se pretende poner en la misma miseria moral del que sólo obra en su beneficio. Otro asunto, sobre el que los ecologistas deberían reflexionar críticamente, es por qué tan burda injuria encuentra tan pronto un público dispuesto a admitirla. La ecología no es, para nada, incompatible con ser razonable, sino al contrario. Y los políticos deberían defender siempre lo razonable.
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Comentarios
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| De: RM |
Fecha: 2005-04-20 10:31 |
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Welcome back, Manolo.
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| De: MRT |
Fecha: 2005-04-20 19:47 |
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La verdad es que tenía ganas de volver a casa. Problemas con la clave, que solucionó Victor.
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