ESCUELA DE TRAFICO
Ya conocen, por este periódico, las agresiones y peleas que sufren alumnos de diez colegios de Cádiz. Permítanme una aportación personal a la noticia, que habla de un deterioro que no se circunscribe sólo a la escuela ni, por supuesto, a un lugar concreto. Como padre, yo mismo paso incontables horas en lugares como esa Escuela de Tráfico que han abierto junto a la Jefatura de Policía Local de Cádiz. Dedico esas horas muertas a la observación. Quiero resaltar que la iniciativa del Ayuntamiento me parece espléndida. Y no porque crea que los chavales que allí se inician con sus bicicletas, o artilugios más motorizados, vayan a aprender las reglas de tráfico, sino porque, más aún, allí se entrenan nada menos que para comportarse en la vida. Que, por lo visto, debe ser salvajemente. Ya sé que algún que otro padre o madre me dirá que exagero, y deben creerlo firmemente porque a ningún otro he visto reprender a sus hijos por hacer lo que allí hacen. Es decir, o no les parece mal, o si se lo parece prefieren que sus hijos se curtan cuanto antes en lo de pisotear a los demás, supongo que por puro instinto protector ante lo que se les viene encima.
Verán: lo primero que aprenden es que las normas están para que las cumplan los otros. Es fácil ver a un pequeñuelo no sólo saltarse esa señal que tiene tanto de comportamiento utópico, Ceda el Paso, sino festejar que con él no van esas cortapisas. O ver a la futura triunfadora, todavía en el cuerpo de una niña de seis años, reírse de la que espera el semáforo en rojo y decirle, mientras la sobrepasa, que ha tenido mala suerte con el semáforo. Ella no está para detenerse. Otros, desde sus vehículos, todavía a dos ruedas, insultan a los que les atropellan con la misma fiereza que han aprendido de papá o mamá al volante. Su vocabulario está ya, para estos asuntos, perfectamente desarrollado. Y también ese sentido adulto de la justicia que hace que nos creamos todos victimas de oscuras conspiraciones (del vecino, del compañero de trabajo, de la familia política). Porque los malos son los otros. Eso es lo siguiente que se aprende: que uno siempre lleva razón. En todos los casos. Ya sea en los pequeños accidentes, porque con esas conducciones siempre hay alguien que choca con alguien, o en el coraje con el que algún crío recibe que otro lo adelante, esa ofensa tan personal que debe ser reparada a la carrera. Algunos adultos no dejan de comportarse con los demás como si todo el mundo lo estuviera adelantando en la carretera. Otros, en cambio, prefieren inculcar su ley desde el principio. Como cuando aparecen esos belicosos niños mayores que circulan abiertamente en dirección contraria, derrapando a gran velocidad en las curvas, imponiendo su fuerza a quien se le ponga delante. Son los que más gritan, los que terminan dejando vacío el circuito. Esa es su razón: quedarse con la pista para ellos solos. Y, aunque lo parezca, todo esto no es una alegoría sino la vida misma. La policía está cerca pero no interviene. Hace tiempo que la sociedad entera, empezando por muchos padres, dejaron la educación en las manos exclusivas de los maestros, a los que, sin embargo, se les niega la autoridad para corregir y los medios para educar en la convivencia. Claro que, para ser justos, no todo es crueldad en la plazoleta, especialmente a esas edades. También hay niños que se bajan de sus bicicletas y pretenden regular el tráfico, que cruzan por los Pasos de Cebra para que otros más pequeños jueguen a detenerse, que compiten limpiamente en la habilidad de no caerse de una bicicleta, que conocen a otros niños. Unos y otros crecen allí. Los niños son como son. Los adultos somos como nos educaron. Pero se olvida.
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Comentarios
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1
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| De: AMS |
Fecha: 2005-03-08 20:33 |
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Buffff
Que duro y que acertado.
La verdad es que no se adonde conduce todo esto. Y no se si es que nosotros sonmos mayores y los mayores siempre piensan que la educación anterior es mejor o sinceramente es que es así. Que vamos a un mundo cada vez con menos valores. No hay solidaridad, ni conocimientos, ni dialogo y encima el que lo intenta - el dialogo- es objeto de burla y escarnio.
Es apabullante, o yo soy demasiado pesimista, que tambien puede ser.
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2
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| De: MRT |
Fecha: 2005-03-08 21:11 |
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Yo también creo que hemos perdido algo por el camino. Educados con severidad excesiva hemos creído que la solución es la falta de educación. Tanto matizar sobre el bien y el mal no hemos inculcado que hay cosas que, se miren como se miren, están mal. Que la libertad hay que repartirla también entre los otros, esas personas que nos encontramos en algún momento en la cola de un autobús, en la de las atracciones de un parque o una feria, y claro que todos tenemos prisa y mejores cosas que hacer que esperar nuestro turno, o hay que pensar que alguien puede necesitar más que nosotros nuestro asiento, o que uno no puede poner sus zapatones sucios donde otro va a sentarse, o que si alguien tira algo al suelo otro va a recogerlo. Pensar en los demás. Y tratarnos con amabilidad, eso tan antiguo y tan necesario de la cortesía, que tampoco se está pidiendo un Viva La Gente.
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